lunes, 5 de septiembre de 2011

En el principio era el verbo...


"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas" (Jn. 1:1-3). 
       Lo escuché muchas veces, cuando era niña y también de más grande... mi familia era católica, y hasta octavo básico asistí a un colegio que también lo era. Lo que en ese entonces no sabía es que ahora me haría sentido al interior de un box de consulta, sentada escuchando a mis pacientes. 



         Abanderada con mis nuevos descubrimientos de la mano del constructivismo pienso que hay gran capacidad de curación en esta frase, más allá de la creencia misma en Dios o no. Y es que somos seres lingüísticos por excelencia y sociales además. Es precisamente en esta interacción con los otros a través del lenguaje que construimos nuestra realidad. Nos basamos en un puñado de significados comunes que han sido consensuados entre nosotros y los otros, pero que se tiñen a cada momento de nosotros mismos, una y otra vez y se aliñan usando la analogía de la preparación de un plato de comida, con otros condimentos y especias, nuestra emoción del momento, cómo íbamos vestidos ese día, qué perfume llevábamos, cómo habíamos dormido la noche anterior, lo que creemos en nuestro interior sobre el asunto más allá del consenso, lo que nos dijo mamá, lo que nos dijo papá, lo que le escuchamos a un amigo... etc. Son casi infinitas las variables que finalmente construyen nuestra realidad. Una realidad por cierto mutable, flexible, pero única. Una realidad repleta de significados que son absolutamente personales, que hablan del sentido que le damos a todas y cada una de las cosas en nuestra vida. Cuidado entonces con tu lengua... tal vez lo que hables durante los próximos diez minutos determinen tus próximos diez días, meses o años, qué responsabilidad!!! Les dejo estas palabras, qué las disfruten...

Un 
verso...
y
otro verso...
y
otro verso...
Muchos
versos
cada vez
más perfectos...
Una escala
de versos
que se alce
desde la tierra al cielo
y se prenda
en la luz de los luceros
y luego
ya subiendo...
......
Subiendo...
......
Subiendo...
......
Subiendo...
Desde la tierra
al cielo.
De 
lucero
 en
 lucero
hasta llegar
a la suprema claridad del verbo.
Hasta llegar
a la belleza única del verbo.
Hasta llegar
al corazón del verbo.    
                                                                                                            León Felipe (1985)

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